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miércoles, 8 de mayo de 2013

GRAFFITEROS EN CUENCA!

Trabajo enajenado

En teoría la esclavitud ya fue abolida, y nuestra declaración de derechos humanos reza que “todos los seres humanos nacen libres”. Pero vivimos en un mundo “nominalista”: de palabras más que de realidades. Y en situaciones así quizá baste con abolir los nombres, sin tener que cam-biar los hechos. Que algo de eso puede haber pasado con la esclavitud lo sugieren las siguientes comparaciones.

1.- Propiedad del amo y propiedad del capital.- Antaño el esclavo era propiedad de su dueño. Como éste solía ser un gran terrateniente no cambiaba de residencia y el esclavo tampoco. Hoy en día el esclavo es propiedad del Capital que, como todo el mundo sabe, es lo más móvil que hay y por eso el esclavo se mueve mucho más. Es lo que llaman flexibilidad laboral: te mandan al desempleo en el Sur y te ofrecen trabajo en el norte. La única diferencia es que antes, si el señor cambiaba de lugar o vendía al esclavo, éste solía ir con toda su familia (debió ser un resto de misericordia que se infiltró descuidadamente). Ahora va solo. La mujer puede quedar esperándole, tejiendo y destejiendo, como hacía Penélope en La Odisea de Homero.

2.- Alimentado y asalariado.- Antaño el esclavo era alimentado por el amo y, como a éste le interesaba mantenerlo, solía darle al menos el mínimo necesario para vivir. Hoy al esclavo le alimenta el Capital, a quien no le interesa nada conservarlo pues lo puede sustituir fácilmente por otro. De ahí que el salario no le llega ni para comida ni para casa ni para vestido, ni menos para las tres juntas. Por ejemplo: según la Carta Social europea el salario mínimo legal debe ser un 68% del salario medio de cada país.

3.- Derecho de pernada y derecho de “empleada” .- Ya se sabe que los señores feudales tenían, respecto de sus siervas un “ius primae noctis” (derecho a pasar con ellas la primera noche). ¿Qué cosas, eh?